No existe la casualidad, hay que estar ahí

martes, 31 de marzo de 2015

Microcuento

“Aunque era consciente del magnetismo que existía entre ellos, ella se empeñaba en afirmar que su corazón era de hierro. Aquella magia invisible los atraía al centro de un vórtice del que no sabían que encontrarían una vez dentro. Era una fuerza que podían sentir, pensar e incluso recordar. Les transportaba al pasado de manera brusca, y les provocaba mareos en el corazón. Por desgracia no era la única fuerza a la que se veían sometidos y por tanto, la resultante de la suma de todas ellas no alcanzaba la dirección que en ferviente secreto sus dos corazones deseaban que aquello tomase. De esa manera se creaba un movimiento oscilante que, de manera periódica, les acercaba y separaba del centro del vórtice. Él, instruido en materia de las ciencias sabía que muchas variables construían aquella delicada situación, pese a que desconocía lo que ella pensaba. Lo que ella sentía solo podía leerse en un pergamino hecho con fibras de corazón que guardaba cuidadosamente en el búnker de hierro situado en la parte izquierda de su pecho.”

-Microcuento

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